Filippo Juvarra fue un auténtico genio, un arquitecto capaz de cambiar el curso de la historia. Su figura estuvo durante muchos años ligada a las grandes monarquías europeas yes que, cuando hacía falta un gran edificio, Filippo demostró durante años que el era el mejor en eso.
Sin embargo, cabe la posibilidad de preguntarnos si realmente se contrataba a Juvarra por su indudable capacidad arquitectónica o si por el contrario y además de por esto existía la necesidad de dar un golpe sobre la mesa para reivindicar el poderío de un estado.
Quizás teniendo en cuenta la lucha permanente que existía durante el siglo XVIII entre las distintas familias reales para demostrar cual era la más poderosa, podemos comprender que estas manifestaciones supusieran para un país un estatus y un reconocimiento. El problema llega cuando esta "banalización" de la arquitectura ocurre en pleno siglo XXI.
Cuando el mercado arquitectónico reconoce constantemente a los mismos arquitectos o artistas, ocurre que su arquitectura o mas bien su nombre, prevalece sobre el resto y esto probablemente va en detrimento de la buena arquitectura.
Cuando el prestigio se convierte en demostración de fuerza por encima de la calidad arquitectónica, cuando no somos capaces de valorar un edificio por la convergencia entre función y forma sino por su firma, estamos dejando que la arquitectura se transforme en un mercado de especias donde la mejor es la más valiosa.
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