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martes, 4 de diciembre de 2012

Cuando un incendio viene bien

En la noche buena de 1734 se declara un incendio en el Real Alcázar de Madrid y no es por casualidad que se tarde un mes en sofocar, ya que este edificio se dejo arder para construir otro en su lugar. Durante el incendio se perdieron algunas cosas, no demasiadas ya que en los 30 días que duró pudieron salvarse muchos de los objetos de valor que en su interior había.

El nuevo palacio real se le encargará a Filipo Juvarra, el mejor arquitecto de aquella época, se pretendía crear una imagen de poderío del estado Español. Sin embargo, Juvarra no llegará a realizar el proyecto ya que morirá en Madrid aquejado de una neumonía. Sin embargo quedan los planos y una maqueta, será Sachetti el encargado de terminar el proyecto. Así y a causa de un incendio que quien sabe si fue o no provocado, se construye otro palacio que da una imagen potente de los reyes de España.

Parece que esta historia es algo que solo puede suceder una vez y hace mucho tiempo, sin embargo si nos remontamos al año 2009 y a la obra del arquitecto holandés Rem Koolhaas podemos vislumbrar un acontecimiento algo parecido. Durante la celebración de año nuevo chino, se produce una pequeña incidencia en la azotea del edificio de la televisión china en Beijin.

El edificio espectacular esta compuesto por dos volúmenes independientes. Uno de los volúmenes formalmente muy atractivo domina a otro bastante menos agraciado y de menor dimensión  Casualidades de la vida que el edificio arde en su parte menos agraciada y el propio arquitecto reconoce que el edificio esta más bonito sin el volumen chamuscado. El edificio pierde un volumen pero gana en atractivo y en icónico. 

Hay quien dice que fue el propio Koolhaas quien quemó el edificio y la verdad que aunque no fuera él, lo cierto es que se le hizo un gran favor al reconocidísimo arquitecto galardonado con el Premio Pritzker en el año 2000.

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